A ver si vuelvo a coger el ritmo, que sino va a estar difícil cumplir los plazos.
Hoy tocan los adverbios y adjetivos más importantes. Son sólo dos hojas, así que no hay excusas para aprendérselos durante el finde. Además, ya sólo quedarían los sustantivos, pero eso será ya en la próxima entrega.
Lista de adverbios y adjetivos
jueves, 3 de marzo de 2011
martes, 1 de marzo de 2011
Valenciano: Verbos (II) y Varios
Perdón por el retraso, pero es que llevo unos días bastante ajetreados. Al final parece que fue una buena idea dejar dos semanas.
Hoy nos pondremos con la conjugación de varios de los verbos más importantes. Destacar que la mayoría de los verbos siguen la siguiente forma: -e, -es, -a, -em, -eu, -en
Los irregulares más o menos se parecen (sobretodo en las personas del plural). La primera persona del singular de los verbos irregulares suele acabar en consonante.
Además, también aprenderemos pronombres, artículos, posesivos, saludos, ...
Lista de la segunda lección
Hoy nos pondremos con la conjugación de varios de los verbos más importantes. Destacar que la mayoría de los verbos siguen la siguiente forma: -e, -es, -a, -em, -eu, -en
Los irregulares más o menos se parecen (sobretodo en las personas del plural). La primera persona del singular de los verbos irregulares suele acabar en consonante.
Además, también aprenderemos pronombres, artículos, posesivos, saludos, ...
Lista de la segunda lección
jueves, 24 de febrero de 2011
Valenciano: Verbos
Empezaremos por los verbos, que son clave en las conversaciones para entender el sentido de las mismas. Por ahora nos aprenderemos los infinitivos, ya veremos como conjugarlos más adelante. Hay muchos que son iguales (o parecidos) al castellano, por lo que el número de verbos a aprender se reduce significativamente.
Para los verbos que no consigamos retener, creamos una regla nemotécnica:
- Para subir la apuesta tenemos que pujar (Pujar)
- Antes de acostarme, necesito jugar una partida al Guitar Hero (Gitar)
- Nos manchamos con un taco de billar (Tacar)
- Alquilamos el hogar (Llogar)
- Cogemos las gafas (Agafar)
- Para recoger el cuarto, plegamos la alfombra y los muebles (Arreplegar)
- Cuando el robot se estropeó se espatarró (Espatlar)
Y así las que hagan falta.
Lista de verbos
Para los verbos que no consigamos retener, creamos una regla nemotécnica:
- Para subir la apuesta tenemos que pujar (Pujar)
- Antes de acostarme, necesito jugar una partida al Guitar Hero (Gitar)
- Nos manchamos con un taco de billar (Tacar)
- Alquilamos el hogar (Llogar)
- Cogemos las gafas (Agafar)
- Para recoger el cuarto, plegamos la alfombra y los muebles (Arreplegar)
- Cuando el robot se estropeó se espatarró (Espatlar)
Y así las que hagan falta.
Lista de verbos
miércoles, 23 de febrero de 2011
Aprender valenciano (catalán) en 2 semanas
Así es, voy a intentar aprender valenciano (catalán) en dos semanas. Sí, sí, en dos semanas. Es que quizás no pueda practicar todos los días, y he preferido dejar tiempo suficiente.
Lo sé, ya lo intenté con el alemán y se quedó en nada, pero esta vez lo haré más en serio. Además, es más sencillo. Un poquito más, jeje.
Igual que la otra vez, comenzaremos por la pronunciación:
j, g, ll, y - Multitud de formas de poner el mismo sonido: ll
ig, tz, tx - Como el sonido "ch"
ix - Como el sonido "sh"
sc, ss - Como una "s"
ny - Se pronuncia como la "ñ" (Nota: hay palabras que acaban en "ny" y hay que pronunciar la eñe final)
Lo sé, ya lo intenté con el alemán y se quedó en nada, pero esta vez lo haré más en serio. Además, es más sencillo. Un poquito más, jeje.
Igual que la otra vez, comenzaremos por la pronunciación:
j, g, ll, y - Multitud de formas de poner el mismo sonido: ll
ig, tz, tx - Como el sonido "ch"
ix - Como el sonido "sh"
sc, ss - Como una "s"
ny - Se pronuncia como la "ñ" (Nota: hay palabras que acaban en "ny" y hay que pronunciar la eñe final)
domingo, 20 de febrero de 2011
viernes, 11 de febrero de 2011
"I don't care if you go"
lunes, 24 de enero de 2011
La historia del señor Pérez (Parte I)
El señor Pérez se despertó ese día a las 7.30 en punto al sonido del despertador, tal y como todos los días. Como hacía siempre nada más despertarse, le mandó el habitual mensaje de "buenos días" a su novia, la señorita Martínez, contándole que había soñado con los futuros hijos que tendrían: una parejita con el pelo rubio de ella y la miopía de él. Volverían a hablar a las 9.00 de la noche, cuando ella le llamaría (el día anterior le llamó él) y estarían hablando hasta las 9.45, hora de preparar la cena. Se conocían desde el instituto, aunque no empezaron a salir en serio hasta empezar la universidad, y desde entonces nada les había separado más que un par de peleas sin importancia. Parecían estar hechos el uno para el otro. El paso de los años había hecho que se complementaran a la perfección, hasta el punto de que ambos fueran totalmente dependientes el uno del otro.
Poco a poco habían ido cayendo en una especie de rutina en la que los dos estaban a gusto, ya que podían relajarse al llegar a casa y evitar más complicaciones que las que les daba el trabajo. Solían ir al cine los viernes, un día elegía ella la película, al siguiente le tocaba a él. Veían la peli en silencio, besándose sin perder de vista la pantalla. Los sábados quedaban con otra pareja para cenar: mientras que ellos hablaban de deportes, ellas se ponían al día burlándose de viejas amistades que tenían en común.
El señor Pérez continuó con su rutina: se dio una ducha rápida, sacó el tazón de cereales y se dispuso a desayunar mientras veía la tele, a la vez que no perdía de vista el reloj de la cocina. Ese día tenía reunión y no podía llegar tarde. El señor Pérez trabajaba en una consultoría multinacional de nombre impronunciable. Llevaba en la empresa desde antes de terminar la carrera de Empresariales, pues había realizado allí las prácticas de la carrera. Consiguió quedarse e ir ascendiendo puestos en la empresa gracias a su constante labor y a su imposibilidad para negarse a hacer horas extra. Este último punto había sido un motivo recurrente de discusión en las escasas peleas que mantenía con la señorita Martínez.
Parecía un día más en la vida del señor Pérez, pero él estaba un poco más nervioso de lo normal. Su multinacional empresa había absorbido a una pequeña compañía de servicios, y esa mañana él tenía que reunirse con los escasos trabajadores que los del departamento de recursos humanos había considerado como válidos. "Al menos no tengo que reunirme con los que se han quedado en el paro" se decía para sus adentros para quitarse presión. Lo que el señor Pérez no sabía es que esa reunión golpearía tanto su vida que la derrumbaría como un castillo de naipes.
(Continuará)
Poco a poco habían ido cayendo en una especie de rutina en la que los dos estaban a gusto, ya que podían relajarse al llegar a casa y evitar más complicaciones que las que les daba el trabajo. Solían ir al cine los viernes, un día elegía ella la película, al siguiente le tocaba a él. Veían la peli en silencio, besándose sin perder de vista la pantalla. Los sábados quedaban con otra pareja para cenar: mientras que ellos hablaban de deportes, ellas se ponían al día burlándose de viejas amistades que tenían en común.
El señor Pérez continuó con su rutina: se dio una ducha rápida, sacó el tazón de cereales y se dispuso a desayunar mientras veía la tele, a la vez que no perdía de vista el reloj de la cocina. Ese día tenía reunión y no podía llegar tarde. El señor Pérez trabajaba en una consultoría multinacional de nombre impronunciable. Llevaba en la empresa desde antes de terminar la carrera de Empresariales, pues había realizado allí las prácticas de la carrera. Consiguió quedarse e ir ascendiendo puestos en la empresa gracias a su constante labor y a su imposibilidad para negarse a hacer horas extra. Este último punto había sido un motivo recurrente de discusión en las escasas peleas que mantenía con la señorita Martínez.
Parecía un día más en la vida del señor Pérez, pero él estaba un poco más nervioso de lo normal. Su multinacional empresa había absorbido a una pequeña compañía de servicios, y esa mañana él tenía que reunirse con los escasos trabajadores que los del departamento de recursos humanos había considerado como válidos. "Al menos no tengo que reunirme con los que se han quedado en el paro" se decía para sus adentros para quitarse presión. Lo que el señor Pérez no sabía es que esa reunión golpearía tanto su vida que la derrumbaría como un castillo de naipes.
(Continuará)
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