domingo, 4 de julio de 2010
Pensamientos de escalera
Los pensamientos de escalera es la forma en la que los franceses llaman a esos pensamientos brillantes que hubieran hecho que la situación hubiera sido perfecta, pero que se nos ocurren una vez abandonado la reunión, bajando las escaleras. Pensamientos que no aparecen mientras todavía pueden ser llevados a cabo, lamentablemente.
Nota: Esta entrada la escribí hace más de un mes, pero no quise publicarla en su momento.
Afortunadamente, pude concertar otra reunión :-)
Nota: Esta entrada la escribí hace más de un mes, pero no quise publicarla en su momento.
Afortunadamente, pude concertar otra reunión :-)
jueves, 3 de junio de 2010
Russian Red - Nice thick feathers
Iba a poner otra canción, pero me he encontrado con esta preciosidad de canción de esta dulzura de chica:
lunes, 31 de mayo de 2010
Depende de ti
Cuando nos miramos al espejo lo último que deseamos ver es a un ser humano ordinario. Nos gustaría ver a alguien especial. Tanto si somos o no conscientes de esto, simplemente no estamos satisfechos con ver a un ser humano ordinario con sus neurosis, sus obstáculos y sus problemas.
Deseamos ver a una persona feliz, pero en lugar de eso vemos a alguien que está luchando. Deseamos pensar que somos compasivos, pero en lugar de esto vemos a alguien que es egoísta. Anhelamos ser elegantes, pero nuestra arrogancia nos vuelve toscos. Y en lugar de ver a una persona fuerte e inmortal, vemos a alguien que es vulnerable a las cuatro corrientes del nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte. El conflicto entre lo que vemos y lo que deseamos ver nos causa un tremendo dolor.
Estamos aprisionados en este dolor por una sensación de que somos especiales, de importancia personal. La importancia personal es el aferramiento subyacente que tenemos al «yo, yo, yo, mío, mío, mío», el cual empaña toda nuestra experiencia. Si observamos con atención, veremos que hay un fuerte componente de importancia personal en todo lo que pensamos, decimos y hacemos. «¿Qué puedo hacer para sentirme bien? ¿Qué van a pensar los demás? ¿Qué voy a ganar yo con esto? ¿Qué voy a perder?» Todas estas preguntas están enraizadas en nuestra experiencia personal. Incluso nuestra sensación de no estar a la altura de lo que creemos que deberíamos ser es una forma de importancia personal.
Nos gustaría transmitir una imagen de fuerza y de control, pero en realidad somos tan frágiles como una cáscara de huevo que con nada se rompe. Esto nos hace sentir sumamente vulnerables, y no precisamente de una forma positiva. Este yo vulnerable requiere protección, armaduras, ejércitos y la construcción de murallas. Y a causa de todo ello, nos quedamos dolorosamente atrapados. Cada vez tenemos más miedo de relajarnos con las cosas tal cual son y cada vez estamos menos seguros de que todo vaya a salir como nosotros querríamos.
Se requiere valentía para ir más allá de la importancia personal y ver quiénes somos en realidad, pero éste es nuestro camino. El objetivo de todas las enseñanzas budistas -ya sean formales o informales- es reducir la importancia personal y crear espacio para la verdad. Este proceso empieza con la autorreflexión.
Deseamos ver a una persona feliz, pero en lugar de eso vemos a alguien que está luchando. Deseamos pensar que somos compasivos, pero en lugar de esto vemos a alguien que es egoísta. Anhelamos ser elegantes, pero nuestra arrogancia nos vuelve toscos. Y en lugar de ver a una persona fuerte e inmortal, vemos a alguien que es vulnerable a las cuatro corrientes del nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte. El conflicto entre lo que vemos y lo que deseamos ver nos causa un tremendo dolor.
Estamos aprisionados en este dolor por una sensación de que somos especiales, de importancia personal. La importancia personal es el aferramiento subyacente que tenemos al «yo, yo, yo, mío, mío, mío», el cual empaña toda nuestra experiencia. Si observamos con atención, veremos que hay un fuerte componente de importancia personal en todo lo que pensamos, decimos y hacemos. «¿Qué puedo hacer para sentirme bien? ¿Qué van a pensar los demás? ¿Qué voy a ganar yo con esto? ¿Qué voy a perder?» Todas estas preguntas están enraizadas en nuestra experiencia personal. Incluso nuestra sensación de no estar a la altura de lo que creemos que deberíamos ser es una forma de importancia personal.
Nos gustaría transmitir una imagen de fuerza y de control, pero en realidad somos tan frágiles como una cáscara de huevo que con nada se rompe. Esto nos hace sentir sumamente vulnerables, y no precisamente de una forma positiva. Este yo vulnerable requiere protección, armaduras, ejércitos y la construcción de murallas. Y a causa de todo ello, nos quedamos dolorosamente atrapados. Cada vez tenemos más miedo de relajarnos con las cosas tal cual son y cada vez estamos menos seguros de que todo vaya a salir como nosotros querríamos.
Se requiere valentía para ir más allá de la importancia personal y ver quiénes somos en realidad, pero éste es nuestro camino. El objetivo de todas las enseñanzas budistas -ya sean formales o informales- es reducir la importancia personal y crear espacio para la verdad. Este proceso empieza con la autorreflexión.
Depende de ti
Dzigar Kongtrül
viernes, 28 de mayo de 2010
Ser tú mismo
I was acting like another woman... yet I was more myself than ever before.
Los puentes de Madison
jueves, 27 de mayo de 2010
Abre bien los ojos
Hoy, cuando vayas por el mismo lugar que hayas recorrido mil veces, ya sea el camino a casa, al trabajo o donde quiera que suelas pasar, prueba a levantar la vista.
Olvídate de los supermercados, de los bancos, de los bares y estancos que abundan en la zona comercial de los edificios. Alza la vista y mira, quizás por primera vez, todo el edificio. No te quedes en la planta baja, obsérvalo en toda su plenitud. Sé consciente de todo lo que no has visto en todo este tiempo aun teniéndolo delante de tus ojos.
Y piensa, por un sólo segundo, en todas los objetos, sentimientos y oportunidades que no vemos aun teniéndolos delante de los ojos.
Olvídate de los supermercados, de los bancos, de los bares y estancos que abundan en la zona comercial de los edificios. Alza la vista y mira, quizás por primera vez, todo el edificio. No te quedes en la planta baja, obsérvalo en toda su plenitud. Sé consciente de todo lo que no has visto en todo este tiempo aun teniéndolo delante de tus ojos.
Y piensa, por un sólo segundo, en todas los objetos, sentimientos y oportunidades que no vemos aun teniéndolos delante de los ojos.
martes, 18 de mayo de 2010
Autobiografía en cinco capítulos
- Bajo por la calle.
Hay un hoyo profundo en la acera.
Me caigo dentro,
Estoy perdido... me siento impotente.
No es culpa mía.
Tardo una eternidad en salir de él.
- Bajo por la misma calle.
Hay un hoyo profundo en la acera:
Finjo no verlo.
Vuelvo a caer dentro.
No puedo creer que esté en ese mismo lugar.
Pero no es culpa mía.
Todavía me lleva mucho tiempo en salir de él.
- Bajo por la misma calle.
Hay un hoyo profundo en la acera.
Veo que está allí.
Caigo en él de todos modos... es un hábito.
Tengo los ojos abiertos.
Sé dónde estoy.
Es culpa mía.
Salgo inmediatamente de él.
- Bajo por la misma calle.
Hay un hoyo profundo en la acera.
Paso por el lado.
- Bajo por otra calle.
Poema tibetano
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