martes, 18 de mayo de 2010

Autobiografía en cinco capítulos

  1. Bajo por la calle.
    Hay un hoyo profundo en la acera.
    Me caigo dentro,
    Estoy perdido... me siento impotente.
    No es culpa mía.
    Tardo una eternidad en salir de él.

  2. Bajo por la misma calle.
    Hay un hoyo profundo en la acera:
    Finjo no verlo.
    Vuelvo a caer dentro.
    No puedo creer que esté en ese mismo lugar.
    Pero no es culpa mía.
    Todavía me lleva mucho tiempo en salir de él.

  3. Bajo por la misma calle.
    Hay un hoyo profundo en la acera.
    Veo que está allí.
    Caigo en él de todos modos... es un hábito.
    Tengo los ojos abiertos.
    Sé dónde estoy.
    Es culpa mía.
    Salgo inmediatamente de él.

  4. Bajo por la misma calle.
    Hay un hoyo profundo en la acera.
    Paso por el lado.

  5. Bajo por otra calle.
Poema tibetano

sábado, 15 de mayo de 2010

La diversión de destruir

A uno le gusta pensar que el ser humano es bueno por naturaleza, que no ataca si no es molestado antes y que, al tratarse de un ser racional, es consciente de sus actos y de las consecuencias que ellos implican. Obviamente, vemos excepciones continuamente, pero queremos pensar que son únicamente eso, excepciones.

Sin embargo, hay días en los que se pierde toda esperanza en la raza humana. Días en los que ves como hay quien alcanza la diversión a base de molestar y destruir. Ves florecer el más puro sentimiento de egoísmo. Creerse superior, recordar gloriosamente a los que molestamos antaño e intentar superarnos por puro afán de entretenimiento. Tener el mundo a tus pies.

Se destapan las entrañas de nuestra naturaleza interior, como gloriosamente mostraba Cronenberg en Una historia de violencia (recomendadísima). Una mezcla de asco y miedo recorre tu cuerpo. "Yo no soy así" te dices. "Yo no soy como ellos" insistes. Pero la duda acecha y te planteas si realmente sí que lo eres y únicamente estás negando tu propia naturaleza interior.

Para que luego digan que lo natural es más sano.

lunes, 3 de mayo de 2010

Culminación

Una de las ideas que más les cuesta aceptar a los seres humanos es que no seamos la culminación de algo.

Stephen Jay Gould


Y añado: como especie... y como persona.

Pablito Simón y el de los pelos son una roca



A winter's day
In a deep and dark December;
I am alone,
Gazing from my window to the streets below
On a freshly fallen silent shroud of snow.
I am a rock,
I am an island.

I've built walls,
A fortress deep and mighty,
That none may penetrate.
I have no need of friendship; friendship causes pain.
It's laughter and it's loving I disdain.
I am a rock,
I am an island.

Don't talk of love,
But I've heard the words before;
It's sleeping in my memory.
I won't disturb the slumber of feelings that have died.
If I never loved I never would have cried.
I am a rock,
I am an island.

I have my books
And my poetry to protect me;
I am shielded in my armor,
Hiding in my room, safe within my womb.
I touch no one and no one touches me.
I am a rock,
I am an island.

And a rock feels no pain;
And an island never cries.


domingo, 2 de mayo de 2010

Demasiado viejo para ser joven

Hace unos días cumplí 25 años, como algunos ya sabréis. Lejos quedan ya el 15 de "la niña bonita", el 22 de "los dos patitos" y, aunque tan lejos, el 24 de "mi casi-seguro último factorial" (4!=24, 5!=120). Ahora toca el fatídico 25 de "un cuarto de siglo". ¿A que ya no suena tan guay?

Vale, lo sé, el 24 tampoco es que sonora muy guay.

Como bien sabe cualquier inventor de síndromes psicólogo, a cada cifra redonda le corresponde una crisis. Como no, por muy especial que me quiera creer a veces, yo tampoco he conseguido librarme. Llegado este punto uno no puede evitar plantearse qué demonios ha hecho con su vida. Cuando tienes 15 años uno se cree que con 25 ya se habrá comido el mundo, pero al final es más bien hambre lo que ha pasado (y no me refiero al tema ligoteo... o no sólo a eso).

Sé que puede sonar duro, pero cuando hago balance de todos estos años no me gusta especialmente lo que veo. Muchas oportunidades perdidas, dos onzas de no saber hacer, una pizca de mala suerte y... ya tenemos la receta. Siempre me he consolado pensando que mis penurias me han hecho aprender de ellas y ser lo que soy, pero últimamente no me sirve. No sé si es que no lo considero una excusa suficiente, o que no me gusta lo que soy. Una de dos.

Ahora siento una terrible tentación de hundirme totalmente en el fango y recrearme en mis penurias, aunque intento (un poco) asomar ligeramente la cabeza a la superficie. Pero bueno, supongo que estaré pasando por un valle (dentro del valle) y que en unos días volveré a estar perfectamente (dentro de lo que es estar perfectamente para mí). Sino, pues siempre puedo hacer como esas viejecitas que se tiñen de rojo caoba por la ¿crisis de los 75? Si llegamos, todavía nos queda para esa...

lunes, 12 de abril de 2010

En ocasiones soy un mal científico

Quien me conozca sabrá que soy un ferviente defensor del método científico. Aunque no suelo expresar públicamente mi rechazo a las pseudociencias o a los dogmas de fe, mi pensamientos (excesivamente) racionales intentan seguir el famoso método.

Siempre he admirado la capacidad de regeneración que tiene la Ciencia. Al contrario de lo que sucede con los dogmas aceptados, la Ciencia es capaz de reinventarse a sí misma si considera que existe una teoría mejor que la anteriormente aceptada. Todo esto lleva a un estado en el que sabes que todo lo que conoces no es totalmente verdadero, sino que es una buena aproximación de la realidad. Por lo tanto, todo lo que conoces sabes que es 'falso'. Y a pesar de esta incertidumbre (o gracias a ella) se consigue ir avanzando cada vez más allá.

Alguno de mis ¿tres? lectores (siendo optimista) se preguntará a qué viene todo esto ahora. Pero es que cuando la incertidumbre entra en mi vida personal soy incapaz de admirar la belleza de la búsqueda de la respuesta, y lo único que quiero es obtener una respuesta de forma inmediata. La veracidad e idoneidad de la respuesta pasa a un segundo plano, siendo la inmediatez la principal cualidad buscada.

Mientras la respuesta no llega, me impaciento, me quedo petrificado y hasta me tiembla la voz. Por momentos sobrevuelan mi cabeza pensamientos optimistas, intentando aferrarme a los clavos ardiendo cual defensor homeopático. Sin embargo, poco después me sorprendo convenciéndome a mí mismo de las nulas posibilidades de éxito, para así no tener que preocuparme por ello.

Todo esto se traduce en una montaña rusa de emociones que no hacen más que maldiga a Heisenberg y a la incertidumbre desde el principio. Sólo queda consolarse y pensar que algún día encontraré mi sitio en este mundo, aunque debería hacer algo con este miedo a buscarlo.

No sé dónde voy